miércoles, 12 de marzo de 2014

Los kazajos del Altai

  Hace casi trescientos años un grupo de pastores kazajos, huyendo de las guerras tribales, dejó las estepas y marchó hacia el este, en busca de nuevos horizontes. Atravesaron las montañas del Altai y encontraron un territorio con pastizales capaces de alimentar sus enormes rebaños. Se establecieron en lo que hoy es la provincia más occidental de Mongolia, Bayan Ölgiy. Allí pervive como una tradición viva la cetrería, la alianza entre el hombre y el águila para cazar juntos, practicada ya por sus antepasados hace más de dos mil años.
  Su medio de subsistencia principal sigue siendo hoy día sus rebaños, ovinos y yaks, y el ritmo de sus periódicas migraciones lo dicta la búsqueda de pastos que aseguren la supervivencia durante el largo invierno.




  Pero el verdadero icono de este pueblo son las águilas: su adiestramiento para la caza es una de las facetas más sobresalientes de su cultura. Se utilizan hembras de águila real, por su mayor envergadura. Se capturan como pollos en los meses de verano,  muchas veces directamente del nido. Aunque el ave puede llegar a vivir treinta años, la mayoría de los cazadores la liberan al cabo de unos diez años. La tradición cetrera se transmite de padres a hijos, siendo normalmente el varón de menor edad el encargado de mantenerla. Se estima que en la actualidad en el Altai quedan menos de trescientos berkutchis, cazadores con águilas.

 


  La temporada de caza comienza con la llegada de los meses fríos, entre octubre y abril. El principal objetivo son los zorros, cuyo pelaje se utiliza para la elaboración de ropas de abrigo. Raramente el cazador obliga a su águila a enfrentarse al lobo.

  En el entrenamiento de las águilas hay dos órdenes básicas que el ave debe seguir: el shahiru y la sirga.
 De pie o montado a caballo, el cazador utiliza el shahiru, una pata de conejo, como cebo para llamar al águila a su brazo. La obediencia a esta llamada es esencial durante la caza, para que el ave regrese tras un intento fallido.
 Atada a una cuerda y arrastrada por un caballo, la sirga (una piel de liebre o de zorro rellena) se usa para simular el movimiento de una presa. Así, cuando el águila la captura, el cazador la obliga a dejarla a cambio del shahiru. Repetido cientos de veces, con este ejercicio aprende que el premio de la caza no es la presa, y evita que destroce la piel del zorro cuando llegue el momento de la verdad.


 

  Hay un equipamiento básico, formado por un espeso guante de piel en el brazo del cazador en el que se posa el águila, y una horquilla de madera, el baldák, sujeta sobre la silla de montar, para apoyar el puño. Al águila se le pone una tira de cuero en cada pata para facilitar su manejo, y se cubre su cabeza con una caperuza también de cuero. Como curiosidad, sujetan en la espalda del águila y en el gorro que llevan los cazadores un penacho de plumas de búho real, con ello se protegen de los malos espíritus...

   



   A comienzos del mes de octubre se celebra en Ölgiy el Festival de las Águilas Doradas. Un acontecimiento social con competiciones de caza y de destreza a caballo, donde llegan a poderse contemplar a varias decenas de berkutchis con sus aves.

  Nosotros llegaremos antes de esa fecha a Mongolia, no vamos a tener la suerte de poder asistir. Confiamos en la hospitalidad de este pueblo, y esperamos que en los gers que encontremos en el camino podamos admirar la majestuosidad de sus águilas...




 Las fotografías de esta entrada y de la cabecera del blog pertenecen a Jimmy Nelson, forman parte de un reportaje de pueblos en riesgo de desaparecer

1 comentario:

  1. Un amigo nos ha pasado este enlace, un interesante artículo sobre ¡una niña! y su águila, vale la pena leerlo y ver las fotos...

    http://www.bbc.com/news/magazine-26969150

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